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Schiaparelli convirtió su colección en una lección botánica para la Semana de la Alta Costura

por podium

¿Se puede ser barroco y escueto al mismo tiempo? Schiaparelli demuestra que sí en su nuevo desfile de Alta Costura: su propuesta de otoño invierno 2023, de lo más ortodoxa, vuelve a partir del negro como un lienzo en blanco sobre el que plasmar todo su universo. La contención cromática es un ejercicio al que Daniel Roseberry nos tiene ya acostumbrados. Son pequeñas licencias al dorado, al marfil, o al rojo las que asoman en su presentación en el Museo de Artes Decorativas de París, en el mismo día en el que el centro inauguraba una retrospectiva de la maison.

El volumen excesivo es otro de los aspectos que el director creativo ya ha perfilado como un sello propio en su etapa para la casa. Sin embargo, en esta ocasión la inspiración resulta clara. Un regreso absoluto al exceso de los años 80que no han tardado en comparar con las colecciones de aquella década de Yves Saint Laurent. El dramatismo está ahí: vestidos palabra de honor con metros y metros de tejido satinado arremolinándose a la altura de la cadera, para crear volúmenes imposibles de evocaciones florales. Puede ser una falda tridimensional, combinada con una chaqueta torera bordada, o una suerte de camisa con mangas amplias, como la que llevó la top Eva Herzigova.

Suele surgir el nombre de otros diseñadores a la hora de ver las propuestas de Schiaparelli: esos volúmenes, tan Saint Laurent, también son muy Christian Lacroix. En 2013, el diseñador francés ya le rindió su particular homenaje. El pasado mes de abril, coincidió con Roseberry en una entrevista con Interview, y como relata WWD, saltó la chispa. Los sombreros canotier o la falda abullonada son algunas de las reminiscencias al couturier. Sin embargo, el exceso atribuido a los 80 ya fue parte de un ADN menos conocido de Elsa schiaparelli. Roseberry vuelve a demostrar su maestría a la hora de trabajar con un archivo tan masivo como el de su predecesora: sin ir más lejos, ella centró su colección de Alta Costura de verano de 1939 en el polisón, actualizando las modas de la mujer victoriana. Incluir un potente lazo detrás, como hemos visto en algún look de esta colección, fue un gesto que aplicó ella misma sobre vestidos y trajes, a juego o a contraste. Roseberry lo hace mezclando referencias: un top con transparencias que evoca la silueta de las costillas (como el Skeleton dress), al tiempo que añade volumen a la espalda.

Con este desfile, el diseñador deja de dar prioridad a la anatomía humana para centrarse en la naturaleza. Es la flora, y en pequeñas dosis la fauna, la auténtica protagonista de esta colección. Por un lado, las alusiones son frutales: un racimo de uvas que puede encontrarse tanto colgando de pendientes como a modo de broche o bordado en una chaqueta. Se trata de un motivo con recorrido en el trabajo de Elsa Schiaparelli. En un alarde de humor, contrastaba sus vestidos de alta costura con sombreros de cóctel con esta fruta. Una prueba surrealista más que cosió a chaquetas que ella misma llevó, retratada por Horst P. Horst para Vogue en 1937.

Esa lección de botánica se profundiza en Schiaparelli con un auténtico despliegue floral, igual de surrealista, que invade vestidos, chaquetas y esencialmente, corsés. Un jardín en movimiento por el que apostó Schiaparelli en su Pagan collection: inspirada por las pinturas renacentistas de Sandro Botticelli, en su colección de otoño de 1938 aplicó multitud de hierbas y flores a sus diseños. Y lo hizo utilizando plástico, algo que se vio como muy adelantado en la época, para darles tridimensionalidad. La misma que Roseberry aplica en 2022 indistintamente a prendas y accesorios: el diseñador norteamericano demuestra que un conjunto vaquero puede se Alta Costura cuando se articula en torno a la corsetería y se cuaja de flores. “A los pétalos de los tulipanes se les da forma con cucharas. Es un ejercicio poco real”, comentaba el diseñador, haciendo referencia a las flores de cuero, moldeadas a mano, de un vestido negro tipo bustier. Los sombreros canotier, como los de Schiaparelli de aquel año, también se convierten en una parcela de terreno improvisada en la que la hierba contrasta con los ramilletes de los pendientes.

Cuesta crearse un lenguaje propio cuando el universo de Elsa Schiaparelli es tan abrumador. Pero desde que aterrizase en 2019, Roseberry ha sabido construir unos códigos que ya resultan tan reconocibles como los de la fundadora de la casa. Esa atención que el creador centra en el pecho sigue estando presente a través de corsés esculturales y otras prendas acolchadas, que recrean hasta la forma del pezón. También en vestidos en los que se cubre con una de esas reiteradas flores. El célebre candado, ADN de Schiaparelli, se convierte en un amuleto en collares tipo choker de terciopelo a los que también se le suma otro motivo, el corazón. Así, los cuellos de algunas modelos se decoraron con uno enorme, con cierre, de lo más simbólico. Haciendo uso del ejercicio de corsetería que incluye en esta colección, Roseberry cerró el desfile con un aderezo que simulaba toda la red capilar alrededor de este órgano.

En Schiaparelli también hay tiempo para la reflexión. Más allá de la estética preciosista, una de las modelos salió a desfilar con un look sencillo. Nada de excesos, solo una falda de terciopelo para poner el acento en una paloma blanca con una rama de olivo ,que llevó en la mano derecha. Un motivo que Roseberry ya prendió a modo de broche (viral) en el vestido de Lady Gaga, cuando ésta actuó en la ceremonia de investidura de Joe Biden. En otoño de 2021 el diseñador empleó este motivo, esmaltado, a modo de broche (un accesorio que han llevado asistentes al desfile como el propio Olivier Rousteing). Hoy se convierte en una llamada de atención para enfatizar una Alta Costura que reacciona a los tiempos que corren. “El surrealismo existe ahora porque necesitamos escapismo a través del arte, especialmente con la guerra [en Ucrania] a 3.000 km”, sostenía Lacroix con Roseberry en aquella entrevista de Interview. “No sé qué sucederá, pero creo que cuanto más dramático y más difícil sea el mundo, más maravillosa será la moda”, reflexionaba. Con Schiaparelli, esa fantasía está asegurada.

Fue publicado originalmente por

VOGUE ESPAÑA

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