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Las tendencias más destacadas del Bogotá Fashion Week 2022

por podium

La ciudad de Bogotá es una capital continental de la moda, de la misma manera que toda Colombia ha hecho aportes esenciales a esta industria. Por eso, la perspectiva de asistir a Bogotá Fashion Week significaba, desde antes de llegar al evento, que se nos levantara todo un entramado de expectativas. La buena noticia es que todas se superaron. La mejor, es que ya estamos esperando lo que nos traerá la próxima edición.

El abrebocas fue un desfile de Leal Daccarett, una marca que es epítome del lujo contemporáneo. Eso suena lindo, pero ¿qué significa? Un lujo que no deja de tener su lado aspiracional, pero que propone a todas y todos la experiencia de vestir o admirar ese punto que une la sofisticación y la elegancia, con la vivacidad del trópico. Texturas, lo sartorial llevado a la estatura de los puristas, los colores que nos agudizan cada sentido y patrones que dan una lección de lo que es el equilibrio en las proporciones. Hasta quienes no llegaron a estar físicamente allí, podían hacerse parte de la experiencia a través de las imágenes que trascendieron.

El rasero quedó altísimo y los días que siguieron desde el centro de convenciones Ágora de la capital colombiana, tenían que demostrar que se había trabajado para que no cayera el nivel de calidad en las propuestas. La Cámara de Comercio de Bogotá, entidad responsable de Bogotá Fashion Week, nos puso delante una abarcadora agenda que incluyó pop-ups – una sala de Experiencias–, la invitación a compradores nacionales e internacionales —actores imprescindibles en la industria de la moda—; conversatorios y charlas sobre temas como la sostenibilidad, tendencias, modelos de negocio y el universo editorial; y, por supuesto, las pasarelas. Desde las pop-ups, además de las marcas que desfilaron, se tuvo acceso a propuestas de excepción.

¿Quiénes fueron los diseñadores presentes en Bogotá Fashion Week?

Lo primero a dejar claro es que el nivel de producción de la puesta en pasarela y el backstage merecen el aplauso. También la puntualidad, algo que con demasiada frecuencia es lamentable en muchas semanas de la moda, fue aquí respetada.

En cuanto a los talentos, hubo propuestas que tienen mucho que trabajar, otras que mantuvieron su ADN y llegaron a satisfacer exitosamente a su público dentro de su zona de confort, otras muy destacadas… y una que resultó impresionante. Los diseñadores y marcas que presentaron sus colecciones en los desfiles centrales fueron Esteban Valencia, Carolina Estefan, Lina Cantillo, Cubel, Ivory Atelier, Camilo Franco, Maz Manuela Alvarez, Andrés Otalora, Azulu, Amantia, Ette de Oro, Palo de Rosa Beachwear, Cala de la Cruz, A Modo Mio, Faride Ramos y Carlo Carrizosa. El balance general fue más que positivo y capaz de llenarnos de optimismo. Aunque no significan lo único válido y tampoco están calzadas por un criterio excluyente ni personal; por un tema de espacio aquí van cuatro menciones especiales.

Camilo Franco

Bajo el rótulo ‘Cosmic Dancer’; las referencias estéticas a lo ochentero y el allure de la era disco predominaron como narrativa en este desfile, que también dejó algún espacio para lo lencero. Cada elemento se mantuvo fiel a la línea conceptual en prendas vestibles, aprovechando al máximo el valor de las texturas.

A Modo Mio

‘Immortale’ es una colección que habla de, para y por la mujer. Pero más allá del discurso sociológico y la semántica, esto se trata de aplaudir el saber hacer costurero en función de cualquier válido enunciado. Una gran parte del repertorio técnico se usa y ensalza en ‘A Modo Mio’. Para delinear afirmaciones, ornamentar y realzar con detalles, ahí están la pedrería, transparencias, las impresiones y el bordado a croché. Desde una paleta casi monotonal y siempre neutra, la diseñadora agrega los prints gráficos y para que no quede ninguna duda del mensaje que quiere enviar. Sin embargo, nada es explícito. Cada prenda sugiere, reta y deja que complete la frase la mente de quien las recibe, observa o viste.

Maz: Manuela Álvarez

Manuela Álvarez es una artista de la moda que sabe y practica la primicia de que lo sostenible y el tema de las prácticas justas van de la mano y no deben ser negociables. Eso se traduce en los tejidos, siluetas y en la paleta cromática de ‘Flor de Venus’. Y esto no se trata de una mirada cursi a la feminidad, sino en el concepto de renacer que hay detrás de la flor de venus.

Las siluetas son femeninas, pero no apelan a la objetificación de la mujer. Esto significa que, en muchos casos, sus giros de estilo hablan de las buenas razones que justifican cada corte; nos hacen entender el porqué de aquel ruedo que le dispara un guiño a vuelos nonagenarios, o justifican unas mangas alegóricas al abullonado pintoresquista, pero mitigado por el color negro y una geometría que nos empuja al escote futurista. Las de Man son piezas para seres humanos y urbanos, que saben que hay que vestir un enunciado trazable, respetuoso de la artesanía y que nos permite ser mejores.

Cubel

¿Es posible respetar culturas, combinar conscientemente fibras naturales, materiales sintéticos y técnicas ancestrales? ¿Se puede jugar con la pragmática y conveniente holgura de lo urbano sin que se pierda el sesgo sensual de la indumentaria? ¿Entra en lo plausible generar un estallido de matices de color a partir de la experiencia sensorial del monocromatismo? Antes hubiera dudado que ninguno de los tres cuestionamientos entrara en lo posible… Entonces llegó “Pakal”, la colección del creativo Humberto Cubides para su marca, Cubel.

Con este diseñador los signos de la cultura prehispánica inician un discurso que amalgama las raíces, lo posmoderno y ese pedazo de historia de la moda que todavía no tiene un nombre, porque vamos a esperar a que su propio trabajo lo imponga un día. El impacto de esta colección fue grande en todEs (aquí sí merece la pena usar la ‘e’ para no establecer fronteras de género). La de Cubel es una estética que no nos deja desdeñar prendas para hembras u hombres, sino para seres sociales que trascienden las identidades sexuales.

Las piezas presentadas son abarcadoras, y complementadas con estilismos que incluyeron desde el peinado y el maquillaje, hasta cada accesorio; y todo para hablar de una actitud social. Todo el mundo debe revisar esta puesta en pasarela para entender lo abarcador de un hecho capaz de componer, presentar y triunfar a partir de la dramaturgia coherente. Detenernos a hablar de detalles del oficio de la costura y de tendencias de moda sería aquí superficial e irrespetuoso. La verdad es que “Pakal” fue un hecho artístico y, como tal, merece ser tratado y aplaudido de pie por todo el público, como sucedió esa noche de manera rotundamente justa y espontánea.

Gracias a Bogotá Fashion Week, la Cámara de Comercio de Bogotá y los rostros más visibles, los de los diseñadores, por un evento memorable.

Fue publicado originalmente por

VOGUE MÉXICO

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