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Las tendencias del siglo XX está de vuelta, ¿qué implica la moda de los 60 en el 2022?

por podium

Para buscarse una “chica yeyé”, como cantaba Concha Velasco, en 2022 no hay que ir demasiado lejos. Resulta muy fácil imaginar a celebrities como Lily Collins enfundadas en un look al puro estilo Françoise Hardy. O incluso, con un pixie cut como los de Peggy Moffitt o Edie Sedgwick. Las mujeres que a través de la canción, el arte o la moda sentaron las bases del estilo de los 60 integran un imaginario híper ecléctico que está de vuelta: entre tanto énfasis en la estética dosmilera, otra década igual de sexy (y sexual) se ha consolidado sobre la pasarela en las últimas temporadas. Da igual que pensemos en las colecciones de primavera 2022, en las las de otoño 2022-2023 o incluso en las de crucero que se están presentando. La inspiración sesentera es esa otra referencia que viene a vestir la época de pospandemia, con la mayoría de connotaciones que ya definieron el periodo. Aquí desglosamos todas las tendencias que retornan para tratar de analizar su significado.

La revolución sexual

A los años 2000 se le atribuyen esas minifaldas que han acaparado la moda también este año. En febrero, Vogue.com aludía al hecho de que esta prenda se estaba volviendo cada vez más y más corta. Pero no hay que culpar solo al Y2K: antes de Christina Aguilera o Britney Spears, Bazaar, la tienda de Mary Quant, era la meca para aquellas que buscaban esta prenda. “No creo que nadie, a excepción de las muy jóvenes, se atreverán jamás a cortar las faldas tanto como nosotros”, vaticinaba la diseñadora en Quant by Quant. Aunque su naturaleza atrevida se vinculó al Youthquake y a los más jóvenes, a finales de los años 60 el diseñador Chester Weinberg ya estaba haciendo triunfales adaptaciones de las minis para un público más maduro. Una idea que permanece latente en el armario adulto: cualquiera que así lo desee puede enfundarse en una mini combinada, por ejemplo, con una chaqueta a juego. Es la máxima de Michael Kors para primavera, de Jill Sander para otoño o incluso de Moschino en su propuesta crucero, al puro estilo Clueless

En la misma línea que las minifaldas y los trajes que integran, el vestido propio de los 60 también está de vuelta: una prenda de líneas rectas, que se acomodaba por entonces al canon de belleza andrógino que definieron modelos como Twiggy. Enseñar pierna es la consecuencia que sigue marcando 2022 a través de las propuestas como las de Versace, Prada, Dior o Giambattista Valli. Para el otoño, Coach también propone vestidos de silueta babydoll, cambiando las merceditas por unas botas y el peinado ahuecado por una gorra de béisbol. “Hubo una vez en que el establishment marcó la moda. Ahora es el minivestido barato visto en las chicas de High Street”, escribía Quant en sus memorias. “A menudo  pueden parecer demasiado extravagantes. Pero lo importante es que están vivas, mirando, escuchando, preparadas para intentar algo nuevo. Es su actitud curiosa lo que les hace importantes y diferentes”, sostenía la diseñadora británica.

Más que causar controversia, el enfoque de Mary Quant en los años 60 era práctico: como confesó a los reporteros, quería que las mujeres que llevasen su ropa pudiesen correr detrás del autobús. Esa obsesión por el movimiento se convirtió en el símbolo de “la emancipación de la mujer, la píldora y el rock and roll. Era joven, liberadora y exuberante”, sostenía en su segunda autobiografía, de 2012. Traer de nuevo esta prenda en 2022 tiene connotaciones ambivalentes: mientras que la minifalda Y2K encaja en esa controvertida visión dosmilera del sexo , quizá la mini de los años 60 sea sexy desde una perspectiva un poco más naïf. “Ser militante y agresivo es tan ridículo como ser remilgado y deliberadamente seductor. Ellas no tienen pretensiones», escribía Quant, refieriéndose a las chicas de una época en la que “el sexo se daba por hecho” y “la feminidad se encontraba más en la actitud que en la apariencia”.

Que una prenda pueda ser símbolo feminista al mismo tiempo que define una década que olvidó el feminismo habla mucho de la lectura revisionista por la que pasan estos revivals. “Me gusta la idea de un nuevo feminismo”, sostenía Giambattista Valli con motivo de su colección de primavera. “Chicas que tienen el poder de ser chicas, casi desnudas, libres de ser ellas mismas y no esconderse”, declaraba. Una descripción en la que insiste Quant en sus dos biografías: “Quiero que mi ropa diga ‘¿soy una chica, no es maravilloso?’». Entonces, como ahora, la exposición del cuerpo sigue siendo un aspecto inherente a ese enfoque: un look ‘sexy’ que no solo se nutre de minifaldas. La desnudez, con el pecho como principal obsesión de la moda, se recalca a través de prendas como las de Dolce & Gabbana, que evocan el monokini de Rudi Gerneich. En vestidos que exhiben un pezón con la misma naturalidad que un ombligo, y principalmente, en aperturas estratégicas a las que ya se adelantaron diseñadores como André Courrèges.

Como sostiene Jonathan Walford en Sixties Fashion, la ropa toplés y transparente nunca se convirtió en una moda seria generalizada. Sin embargo, la prensa alimentaba la polémica animando a los diseñadores a crear looks provocativos en sus siguientes colecciones. En 2022 sucede algo similar con los cut-outs extremos, que siguen siendo terreno abonado por la pasarela y los estilismos de las celebrities. Pero en un momento de pospandemia, además de hablar del regreso a la intimidad y al sexo, también podrían servir de termómetro social, como lo han hecho históricamente: “La moda de los desnudos y las minifaldas coinciden con momentos de una enorme renovación de energía y éxito financiero”, meditaba Mary Quant. “Es perverso y esquizofrénico, pero es una reflexión completamente acertada de la vida actual de una mujer”, opinaba sobre la complicada naturaleza de esta prenda.

Sentido de la experimentación

Antes del retorno de los años 60 a la pasarela desde el punto de vista formal (en líneas y patrones), los estampados han sido la forma más literal de trasladarnos hasta esa época. El op-art se convirtió en tendencia en 2020, además de en primavera de 2021 gracias a los cuadros dameros. Que este año firmas de origen sesentero como Courrèges lo recuperen junto a las botas mosqueteras podría suponer algo lógico. Pero los estampados con ilusiones ópticas son una realidad que vuelve a estar en boga este verano entre apuestas tan dispares como la de Stella McCartney, Christian Cowan o Vetements. Todos pasados por el tamiz de la década, bien a través de minis, transparencias, conjuntos o diseños con cut-outs.

El carácter lúdico de este tipo de motivos se encuentra intrínsecamente ligado al arte: además de Mondrian e Yves Saint Laurent, los 60 es la década en la que las obras de Victor Vasarely y Bridget Riley también se imprimieron en la ropa. Se jugaba al despiste con la percepción de los sentidos, en la misma línea que los estampados psicodélicos. Los colores llamativos y las figuras abstractas eran y siguen siendo sello del diseño de Emilio Pucci, que Coperni hoy utiliza en todo tipo de prendas. Entre las colecciones crucero 2023, Etro y Moschino son dos de las marcas que evocan la filosofía flower power de una contracultura cuyo armario se cargó de simbolismo.

Cuesta creer que un vestido de ganchillo con flores pudiese ser casi del mismo año que un diseño futurista de Pierre Cardin. Pero esa naturaleza tan dispar del diseño de los años 60 se sintetiza en un carácter experimental que también se traslada en 2022 a la ropa. En su colección crucero, Paco Rabanne sigue insistiendo en esos vestidos metalizados que ya llevaron Françoise Hardy y Audrey Hepburn en Dos en la carretera (1967). Por aquel entonces nada hablaba de la idea de futuro, enmarcada en la obsesión por la carrera espacial, como un diseño de plástico o metalizado. Rabanne pasó de llamarlos “experimentales” en su debut del 64 a describirlos como “imponibles” dos años más tarde. Son esos dos primeros conceptos los que permean las colecciones de 2022: tras el confinamiento, la mirada hacia el mañana se vuelve impositiva. “Creo que tenemos que dar un aspecto optimista al futuro”, sostenía Maria Grazia Chiuri, cuya moda futurista en Dior pasa de los años 60 para la primavera a la unión con la tecnología y los cyborgs de cara al otoño. Loewe lo aborda de otra forma: incluyendo ciertas notas de surrealismo a través de prendas que parecen ciertamente más difíciles de llevar. “Creo que es un momento de experimentación”, comentaba su director creativo, JW. Anderson. “Si vas a resetear tras este periodo, necesitas un momento de dar a luz una nueva estética. Comenzar de nuevo”, señalaba para Vogue.com hace unos meses.

Por mucha atención de la moda en la galaxia, los vestidos imposibles casi resultan una anécdota, carne de viralidad para las alfombras rojas. “La edad del espacio fue una tendencia”, justificaba Nicolas de Felice al frente de Courrèges. “André [Courrèges] realmente quería poner su moda en las calles, simplemente quería vestir a las mujeres”. En 2022, esa moda del futuro que también es práctica se traduce en minivestidos blancos con cut-outs y botas a juego hasta el muslo, o en monos ultrasencillos que se acompañan de botas con una sutil nota de color, como en Dior.

Valentino también encaja en esa visión a través de botas altas y aperturas circulares. Pero su forma de abordar el futuro va un paso más allá, rompiendo con el rígido sistema de las modelos que desfilan en Alta Costura. En manos de Piccioli, traer de regreso los años 60 no implica importar ese ideal de belleza andrógino que marcó la década (y a su manera, también la delgadez extrema de finales de los 90 y comienzos de los 2000). “En los desfiles, a veces hay 50 modelos delgadas y una con una talla mayor. Creo que realmente no te identificas con eso, no te lo crees. Simplemente marcas la casilla”, comentaba Piccioli al respecto del casting para la colección de Alta Costura de Valentino de primavera. “Quería romper las reglas y abrazar la idea de diferentes proporciones de cuerpo, diferentes tallas y edades”, explicaba. “Una vez que nos hartamos de todos los cánones, descubrimos que la humanidad es el único canon válido: la libertad; ser uno mismo. Ese es el canon real”.

El glamour de los ‘pijama palazzo’

Junto a la moda futurista convivió una nostalgia que se materializó especialmente a finales de la década de los años 60. Aunque los trajes de chaqueta con mini sobrevivían, ya no se veían tanto como antes. Además, el revival de los años 30 provocó que los bajos de nuevo se extendiesen hacia la rodilla. Los trajes con pantalón a juego se convirtieron en esa perfecta opción para las mujeres que no querían llevar ni minis ni faldas demasiado largas. Como recoge Sixties Fashion, proliferaron especialmente en 1968 para todo tipo de ocasiones, desde ir al trabajo hasta para eventos más formales.

Inspirado por el tradicional salwar kameez pakistaní (que regresó en 2019), el diseñador Stan Herman había creado una versión para la primavera de 1968. En los grandes almacenes Bonwitt Teller le dijeron que no vendería nada… hasta que vieron a Yves Saint Laurent hacer lo mismo. Esas versiones lujosas de túnica y pantalones, incluso de top y pantalones, también tienen su hueco en las colecciones de primavera, especialmente a través de prints psicodélicos, como demuestran Emilio Pucci o Sara Battaglia, combinados con cuñas altas.

Estos looks sesenteros no solo demuestran en 2022 las ganas de libertad y el optimismo contagioso con el que se encara el futuro en la industria. A su vez siguen insistiendo en esa idea de que el normcore también puede ser glamouroso. Antes que el chándal de pospandemia, los «pijamas palazzo” fueron acuñados por Diana Vreeland para hacer referencia a unos conjuntos de noche que dieron el salto a la calle a través de tejidos suntuosos, con los diseños de Irene Galitzine como epítome. “Ojalá pudieras vernos. Es como en un convento. Jane [Wrightsman], Marella [Agnelli], Lee [Radziwill] y yo vestidas en tus uniformes todas las noches”, le escribió Jackie Kennedy a la diseñadora en una carta desde la Casa Blanca en 1963. Aunque en la década en la que Yves Saint Laurent introdujo el Smoking los pantalones resultaron igual de revolucionarios que la minifalda, hoy siguen siendo un recordatorio de que lo cómodo no tiene por qué estar reñido con lo sofisticado.

Fue publicado originalmente por

VOGUE ESPAÑA 

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